Todos buscamos lo mismo, la felicidad - Julio Alberto Moreno Casas
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Todos buscamos lo mismo, la felicidad

“Todos buscamos lo mismo, la felicidad. Sea cual fuere el camino, sea este a través del amor, del dinero o de la búsqueda de la verdad, y si va todo junto, diremos que tenemos una vida plena. Pero o todos tenemos nuestra propia visión del amor y la verdad. Generalmente muy reducida. Del dinero, nos olvidaremos. Nada más que cierta seguridad. Dar fe de revelaciones ajenas me produce bastante escepticismo, vengan de donde vengan, desde la época del mismísimo Jesús hasta las profundidades de mi cerebro Te aconsejo no seguir consignas ni reglas que hieran tu instinto y racionalidad combinados. Experimenta primero con ello y comprueba su poder curativo, como el amor puede arreglar tu marchito jardín. La verdad es tan buena como mala, buena cuando se busca, mala cuando se encuentra y por el camino yo me entretengo como diría Kiko Veneno.
Encontrar a Dios es como entender el infinito. Algo de lo somos capaces con nuestra fina visión, sin engaños. Podemos tener visiones, alucinaciones, ideas delirantes, comprensiones morales. Pero todo esto no es más que un invento de nuestro intelecto. Otra cosa es la fe, que algunos tachan de irracional, que nos conduce a una secreta admiración (no a una sumisión), a un estudios de un universo de amor por descubrir, a un pequeño descrédito de lo que los científicos afirman a veces con orgullo y rotundidad, sin saber muy bien lo que están constatando. Su no intervención es de una perfección absoluta, a mi parecer. Sin saber si esto es realmente cierto. La promesa de una más allá, mejor un absurdo. La zanahoria del burro.
La comprensión que en gran parte de nuestra felicidad reside en hacer felices a los demás, es un secreto gritado a voces, pero no a cualquier precio. Los despreciadores mordaces deben ser combatidos.
Ahora que las fuerzas están equilibradas, sea el momento de no esconder la cabeza y desacreditar a los malvados, y recordar lo que pesadamente aconsejo y casi nadie hace, que es reconocer su maldad.
Si hiciéramos esto en profundidad, no habría tantos errores y horrores, tanta falta de respeto, tanta autoridad sin merecimiento, tanta falta de solidaridad, paciencia y amor en definitiva.
No confundas bueno con bonachón, porque el primero ha llegado a ese estado por su sabiduría. El bueno es fuerte sin demostrarlo, no tiene esa necesidad. Si esto no fuera una batalla, una lucha diaria por la vida, una libertad que entendiera las libertades ajenas, una constante renovación, una realidad que se transforma con el tiempo, un tiempo pasado que nos hace comprender, una esperanza que crece y anida en nuestros corazones, una alegría y felicidad digna de todos nosotros…qué sentido tiene la vida?

Patricio
“Locura y realidad”

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